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Jueves, Febrero 05th, 2009 | Author: eljardindekaruna
Mi querida flor,

¿Así es como te llamaba verdad? Ya me perdonarás que sólo recuerde el pseudónimo y no la causa. Como genio de la deducción que eres, en seguida al leer estas letras te habrás dado cuenta, sí, mi carcelero interno me ha dado unas horas libres y es permisivo en hacerte llegar este trocito de mis recuerdos fallecientes. ¿Cuántos me quedan? No saben decírmelo, ni siquiera confirmar con certeza qué mal padezco.

¿Sabes que el otro día vino una señora a preguntarme qué tal estaba? No sé porqué, pero su mirada estaba bañada en lágrimas, se la veía sufriendo y haciendo esfuerzos por contener su rabia. Le pregunté el motivo de su desdicha, y sólo me dijo una cosa: ‘Si tu supieras… ¿me perdonarías?’

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Jueves, Febrero 05th, 2009 | Author: eljardindekaruna

Las letras, palabras y frases salían de su mente a borbotones, era uno de aquellos momentos cada vez más escasos, en los que Camila como si de un automata se tratara, sentada medio encorvada (a pesar de que miles de veces le habían aconsejado hiciera lo contrario), provista de lápiz en la mano y sentada frente al retrato familiar de siempre, escribía sobre papel las historias que le acechaban. Eran sus llamados “momentos de trance”, absorta en todo lo que la rodeaba, bien podía explotar una bomba en el jardín de su casa que ni se inmutaría.

Camila era una joven soñadora, ya desde niña su madre la había dado por imposible, pues a pesar de ser tranquila e introspectiva, dentro de si fluía un torbellino a punto de explotar en cualquier momento. Y es que a pesar de no haber sido excesivamente mimada se le antojaban cosas la mar de raras.

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Miércoles, Febrero 04th, 2009 | Author: eljardindekaruna
Sira, nerviosa como era, iba a conocer por primera vez a su suegra. Aparentemente un hecho nada remarcable, salvo por la mera faceta de Katia de ser quisquillosa en extremo, y acompañándose ,casualmente, la torpeza innata de Sira. Tal combinación de por sí tenía que ser la mar de explosiva, en eso andaban las divagaciones de la joven, cuando llegó mucho antes de lo esperado a casa de la familia de su novio. Las preguntas que se hacía eran muchas, las esperanzas puestas bien pocas. ¿La aceptarían? ¿Sabría encajar sin cometer ninguna de sus típicas imprudencias? Estos pensamientos no se los había contado ni a sus más cercanas amigas, pues sabía que no tardarían ni un segundo en reírse de ella, considerándola una boba sin remedio.

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