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Viernes, Octubre 23rd, 2009 | Author: eljardindekaruna

No soy profeta en mi tierra, pero quisiera en la tuya.

Adivinar agua en el alma, sería mi alegría,

porque si fuera la tuya, la historia cambiaría.

Sangre serían rosas, lágrimas lluvia cayendo,

palabras, risas y abrazos, serían brisa meciendo.

No abandones el barco, pues tus sueños anhelo,

único rumbo tu alma, mas lo incierto me apena,

eso, y que no soy profeta en tu tierra.

Miércoles, Octubre 21st, 2009 | Author: eljardindekaruna

No sabía que hacía allí sentado, tan sólo recordaba que su mamá le había dicho que cuidara del traje nuevo, y él sólo sabía que lo tenía puesto y que estaba sentado sobre aquella hierba húmeda. Era el jardín de casa de su mejor amigo, Tomás, pero… ¿qué hacía ahí? El aire helado disipaba su sentimiento de culpa, y a la par entumecía sus pequeños dedos. La brisa le traía recuerdos gratos de aquellos inviernos que pasó en el muelle, con su padre. Un escalofrío tambaleó su pequeño y delicado cuerpo, a lo que intentó levantarse pero no podía. Como si formara parte de aquel paisaje otoñal, por cada esfuerzo que proponía un lamento surgía de su temblorosa boquita. Quizás lo único que apercibía como alentador era la calma total que habitaba en aquel bosque que lo circundaba, roto de vez en cuando por algún lejano trinar de algún ave despistada. Y es que aquella noche no invitaba a pasear siquiera. Pero… ¿qué hacía ahí? Si la pregunta se la hizo en seguida, más pronto aún fue disipada, pues tan pronto la mesuraba unos grandes ojos destacaban de entre el ramaje de aquellos no tan lejanos árboles. Roto el silencio por aquellos dos luceros que avanzaban hacia él, los intentos por reincorporarse eran más frecuentes y desesperados. more…

Miércoles, Agosto 05th, 2009 | Author: eljardindekaruna

Era la peor hora del día para Carlitos. Sin saber muy bien a donde ir deambuleaba por el recreo de su colegio. No había nadie en todo el recinto que se conociera tan bien cada recodo del lugar, tal es así que incluso a veces acudían a él para que ayudara a buscar cualquier objeto que se hubiera perdido. Y es que para Carlitos era la peor hora de su vida. Cuando la campana del colegio anunciaba el tan anhelado descanso de todos sus compañeros, él suspiraba resignado, y con parsimonia recogía su mesa. Seguidamente salía de la clase despacito, con desánimo. En verdad era un niño raro, excesivamente tímido y parecía no querer relacionarse con nadie. Sus compañeros lo habían dado por caso perdido, pues no eran pocos los intentos que afanosamente habían hecho para inentar espabilarle y hacerle cómplice de sus juegos. Muchos se preguntaban, ¿qué le pasará a Carlitos? Nadie lo sabía, como tampoco  conocían si tenía familia en casa esperándole en las tardes, ni cuántos, ni qué hacían o en qué trabajaban… Absolutamente nada. 
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Viernes, Julio 31st, 2009 | Author: eljardindekaruna

Acurrucada en su cama, la pequeña Sophie ansiaba volver a oir la voz de su mamá. Ya hacía meses que, repentinamente y en la noche, un susurro seco e impertinente se hacía hueco en sus oidos. El sonido parecía provenir del otro lado del bosque. El mismo bosque que ya desde muy pequeñita le hicieron prometer infinidad de veces que no pisaría, y el mismo que aun así hacía las veces de escondite tras sus pequeñas travesuras. La prohibición nunca llegó a entenderla, pues cuando pedía explicaciones estas siempre eran vagas e inconclusas historias de niños que en su día entraron en el y no volvieron a salir.

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Jueves, Febrero 05th, 2009 | Author: eljardindekaruna
Mi querida flor,

¿Así es como te llamaba verdad? Ya me perdonarás que sólo recuerde el pseudónimo y no la causa. Como genio de la deducción que eres, en seguida al leer estas letras te habrás dado cuenta, sí, mi carcelero interno me ha dado unas horas libres y es permisivo en hacerte llegar este trocito de mis recuerdos fallecientes. ¿Cuántos me quedan? No saben decírmelo, ni siquiera confirmar con certeza qué mal padezco.

¿Sabes que el otro día vino una señora a preguntarme qué tal estaba? No sé porqué, pero su mirada estaba bañada en lágrimas, se la veía sufriendo y haciendo esfuerzos por contener su rabia. Le pregunté el motivo de su desdicha, y sólo me dijo una cosa: ‘Si tu supieras… ¿me perdonarías?’

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Jueves, Febrero 05th, 2009 | Author: eljardindekaruna

Las letras, palabras y frases salían de su mente a borbotones, era uno de aquellos momentos cada vez más escasos, en los que Camila como si de un automata se tratara, sentada medio encorvada (a pesar de que miles de veces le habían aconsejado hiciera lo contrario), provista de lápiz en la mano y sentada frente al retrato familiar de siempre, escribía sobre papel las historias que le acechaban. Eran sus llamados “momentos de trance”, absorta en todo lo que la rodeaba, bien podía explotar una bomba en el jardín de su casa que ni se inmutaría.

Camila era una joven soñadora, ya desde niña su madre la había dado por imposible, pues a pesar de ser tranquila e introspectiva, dentro de si fluía un torbellino a punto de explotar en cualquier momento. Y es que a pesar de no haber sido excesivamente mimada se le antojaban cosas la mar de raras.

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Miércoles, Febrero 04th, 2009 | Author: eljardindekaruna
Sira, nerviosa como era, iba a conocer por primera vez a su suegra. Aparentemente un hecho nada remarcable, salvo por la mera faceta de Katia de ser quisquillosa en extremo, y acompañándose ,casualmente, la torpeza innata de Sira. Tal combinación de por sí tenía que ser la mar de explosiva, en eso andaban las divagaciones de la joven, cuando llegó mucho antes de lo esperado a casa de la familia de su novio. Las preguntas que se hacía eran muchas, las esperanzas puestas bien pocas. ¿La aceptarían? ¿Sabría encajar sin cometer ninguna de sus típicas imprudencias? Estos pensamientos no se los había contado ni a sus más cercanas amigas, pues sabía que no tardarían ni un segundo en reírse de ella, considerándola una boba sin remedio.

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