
No soy profeta en mi tierra, pero quisiera en la tuya.
Adivinar agua en el alma, sería mi alegría,
porque si fuera la tuya, la historia cambiaría.
Sangre serían rosas, lágrimas lluvia cayendo,
palabras, risas y abrazos, serían brisa meciendo.
No abandones el barco, pues tus sueños anhelo,
único rumbo tu alma, mas lo incierto me apena,
eso, y que no soy profeta en tu tierra.



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