Sábado, Abril 25th, 2009 | Author: eljardindekaruna

El día despertó caluroso, excesivamente si se comparaba con lo acostumbrado en días previos. Confluyendo con un día ‘atípico’ e ‘inesperado’, aun cargando demasiado abrigo para el estival día que se avecinaba, la algarabía creada por mil voces a la vez iba en aumento. El día invitaba, quizás demasiado, a disfrutarlo entre letras y flores. Las ramblas en vista aérea bien parecerían un jardín de mil colores, en ligero movimiento como si de una suave brisa se tratara. El fluir masivo y atropellado de los mil paseantes, tan sólo soportable para gente paciente o ya concienciada de lo que supondría salir a pasear por Las Ramblas y alrededores, reflejaba que a pesar de lo que pueda parecer en este país, se lee. Quizás poco y muchas veces mal, pero al fin y al cabo se lee, y bien sabido es que tan sólo con la práctica esto último pueda mejorarse.  El día cargaba de un matiz especial para muchos, sobre todo para aquellos que tendrían la oportunidad de conocer en persona a aquellos que les han regalado una sonrisa cuando quizás más les hacía falta, o bien les han hecho recordar momentos vividos e incluso ya olvidados… Era la oportunidad de que las dos partes, escritor y lector, llegaran a conocerse. Y esto último no sin ser necesario tampoco carecía de riesgo. Nuestro contador de historias podría resultarnos al fin un nefasto personaje, o bien quizás quedemos más enamorados de la persona que esconde. A esto último la pregunta es inevitable, ¿cómo me sentiré leyendo un libro de alguien que he conocido en persona? He tenido la suerte de que mis sorpresas fueron gratas, pero y si me hubiera llevado alguna decepción… ¿habría seguido leyendo algo del personaje que corresponda? Quizás no sea una cuestión que merezca mucho detenimiento, pues ya se sabe que hay personas incapaces de decir con palabras lo que con letras consiguen. Bien el Señor Camilo José Cela podría resultar un claro ejemplo, pues la mala virgen no siempre congenia con el buen hacer.

La jornada en su totalidad permitió que la cultura fluyera en nuestras calles. El caso es que unos por ver en persona a Risto Mejide, o Judith Mascó, o bien a su escritor amado, y otros por comprar una rosa bien para sorprender o tan sólo por cumplir con la tradición, vivimos un día cargado de emociones varias. Y como cualquier ocasión que se precie, en la que la cultura se hace tan cercana a todos nosotros aflorando a cualquier paso, bien merece ser repetida al menos una vez al año.

Lo peor, quizás el calor sofocante e inesperado para muchos (quizás para los escritores pudiera ser las secuelas del ejercicio de muñecas prolongado). Lo mejor, entiendo que cada persona se habrá llevado sus mejores momentos, únicos además. En mi caso fue conocer entre otros a la escritora Espido Freire, que ya no sólo me sorprendió con su nuevo look, sino que también me permitió corroborar que detrás de una personalidad puede esconderse también alguien cercano, amable y de gran carisma. Así que respondiéndome a mi anterior pregunta, seguro que ahora al leer algo de ella lo disfruto más si cabe, pues sé que no sólo escribe bien, sino que además se trata de una persona que bien merece la pena conocerse.

Category: Libros, Opinión
You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

2 Responses

  1. Otra flor para tu jardín. Se acumulan episodios para engalanarlo.

    Besos.

  2. Este año pude disfrutar del día del libro en Lisboa. ¡Qué cantidad de gente! Da gusto comprobar cómo los libros siguen teniendo su hueco en nuestra sociedad. Parece que no está todo perdido… :)

Leave a Reply » Log in